El Tío «Ñoro»
Cuando era casi un niño se embarcaba para pescar “a la mamparra” cerca de la isla de Tabarca. Su trabajo en el barco era hacer recados, limpiar platos y picar ñoras, por lo que de tanto «picar ñoretes» para hacer el caldero, le acabaron llamando «el Ñoro». Cosas de niños que pescaban jugando y jugaban pescando, le ocurrió que en una de estas, un niño le lanzó un pescado a la cara, un»Milano» que le rozó el ojo con la cola venenosa, perdiendo la vista del ojo izquierdo.
Ya de mayor siguió con la tradición de muchos pescadores que remendaban la red; en la puerta de casa, sujetándola con ayuda de sillas de anea, o bien en el barco utilizando únicamente los pies y las manos.
Rosarito «La Cordula», Las mujeres de la Saranda
Los pescadores después de faenar temprano repartían el pescado en la orilla y ya desde los años 50 las mujeres cogían el pescado, lo lavaban con agua del mar y lo vendían por el pueblo sobre unas carretillas llamadas «sarandas». La saranda no sólo era un reparto de pescado fresco, además comportaba una serie de cantos o reclamos para el comprador, estas voces anunciaban (y lo hacen todavía en la actualidad) la oferta de pescado del día: Dorada, Pardet, Aguja, Sorel, Palomina, Sepia, «Llengüaets», Pulpo, Mabre, y en general toda la pesca capturada con trasmallo, curricán, caña, jábega e incluso, la obtenida de alguna «mamparra».
En la imagen, «La Cordula» sostiene un pez volador o chicharra y lo enseña como curiosidad a los turistas. Los alemanes y noruegos de los años setenta la veían por la calle y le enviaban las fotografías y reportajes que desde sus países le dedicaban.
Hoy queda una única familia, Teresa «La Moniata»y su hija Almudena, las cuales siguen con esta tradición que forma parte del patrimonio inmaterial de la pesca tradicional de Guardamar. La saranda. Un oficio al borde de la extinción .Video de Javier Falcó